Inicio/Día a día/Timbre sin sonido

El pulsador es un interruptor que lleva diez años a la intemperie. Ese es el que falla — y está al otro lado de la puerta.

El botón se hunde con un clic suave pero no suena nada · Solo funcionaba apretando muy fuerte · Iba bien con tiempo seco y dejó de ir después de llover · Silencio total, ni un ruido en la caja · La caja zumba pero no suena · Una vez sí y otra no · Cambié la pila y todo igual · El timbre está perfecto por dentro · En todo el edificio no suena ningún timbre
GratisLijar las dos láminas de latón del pulsador
GratisDevolver el brazo del martillo hasta la lámina
De pagoUna pila de botón — detrás del pulsador, no en el timbre
Fácil · 10 min · Dos de las tres respuestas son gratis, y las dos están detrás del pulsador

Una puerta de entrada con el pulsador en la pared de al lado y la caja del timbre más arriba en esa misma pared interior, unidos por un cable de puntos escondido en el yeso y con un transformador al final; abajo a la izquierda, el pulsador en corte — tapa, lámina de latón flexible, contacto fijo y una capa de óxido marrón donde se juntan; a la derecha, el timbre en corte — bobina, armadura, bola de martillo y dos láminas sonoras de distinta longitud

diagnose
Qué falla
—
Dónde
—
Estado
—
Siguiente
—
qué tocar avería correcto Pulsa el botón, el timbre o el transformador

Tres piezas, y solo una vive a la intemperie

Un timbre es el circuito más simple de la casa. Un transformador baja la red a entre ocho y veinticuatro voltios, un pulsador cierra ese circuito y una caja convierte la corriente en un golpe contra una lámina metálica. Eso es todo. Dos de esas tres piezas están dentro de una pared, donde no les pasa nada en veinte años. La tercera va atornillada al marco, bajo la lluvia.

Y ese pulsador no es un interruptor como el de la luz. Son dos láminas de latón separadas un milímetro por un muelle, que solo se tocan mientras tu dedo aprieta. Ese milímetro de aire está abierto al tiempo cada segundo de cada día. La humedad, la sal de la carretera, el polvo y los compuestos de azufre del aire urbano se depositan en esa rendija, y el latón allí cría una película de óxido: primero óxido de cobre, marrón, y con los años verdín. El óxido es, en el mejor de los casos, un semiconductor; en el peor, un aislante.

Aquí está el número que lo explica todo. Un contacto limpio cierra a unas centésimas de ohmio. Uno oxidado puede quedarse en veinte o cincuenta. El transformador de timbre es pequeño, de unos diez voltiamperios; pon treinta ohmios en serie con la bobina y casi toda la tensión se cae en el contacto sucio en lugar de en la bobina. La bobina no mueve la armadura. El timbre no hace nada. No se ha roto nada, y sin embargo cambiar el timbre, el transformador o la pila no cambia absolutamente nada: la energía se gasta en la rendija, fuera de casa.

Un solo sonido parte el sistema en dos

Aprieta el pulsador con la oreja pegada a la caja del timbre, no al botón. Ese es todo el diagnóstico y no cuesta nada. Si oyes un clic flojo dentro de la caja, la corriente llega y la bobina trabaja: el problema es mecánico, del martillo. Si no oyes nada en absoluto, la corriente no llega, y la pregunta pasa a ser dónde se quedó.

Para responderla, desmonta el pulsador. Un tornillo por debajo, o una tapa que se saca a presión por el borde inferior. Lo que encuentres detrás separa limpiamente las dos averías que quedan: una pila de botón y una placa pequeña es un timbre inalámbrico, y la pila está detrás del pulsador; dos cables finos sin pila es un timbre cableado, y las láminas de latón son tus sospechosas. Este es el paso que casi todo el mundo se salta, porque se da por hecho que la pila va en la caja. En la mayoría de los equipos inalámbricos no va ahí: la caja se alimenta de la red o de sus propias pilas, y el pulsador lleva otra que alimenta un emisor diminuto — la que muere primero, porque transmite cada vez que alguien pasa y porque está en el punto más frío y más húmedo de la fachada.

La limpieza que no cuesta nada, y la herramienta que no debes sacar

Papel de lija, una lima de uñas o el lado áspero de una esponja: dóblalo en tira, pásalo por la rendija tres o cuatro veces hasta que el latón vuelva a brillar. No un cuchillo. Una hoja corta por debajo del óxido y se lleva latón con ella; una superficie rayada se vuelve a oxidar más rápido que una lisa, porque acabas de darle a la corrosión una base nueva, rugosa y más grande. Trabaja las láminas, no los cables: un cable arrancado de su borne es una obra mucho mayor que un contacto sucio.

Luego monta y aprieta. Si suena, has arreglado por cero y has aprendido lo único que importa: un timbre que se para es casi siempre un interruptor que se ha ensuciado, y ese interruptor está fuera. Si con las láminas limpias y una pila nueva sigue sin sonar, la avería está más arriba, en el transformador o en el cable enterrado en el yeso — y ahí esta página se detiene, porque el otro lado de ese transformador es la red eléctrica.

Tres reglas, y la segunda explica por qué una «prueba» puede quemar un transformador. Nunca mantengas el botón diez segundos para ver si suena. Los transformadores de timbre están hechos para uso intermitente, unos segundos cada vez. Las pulsaciones largas y repetidas sobrecalientan el bobinado, y un transformador quemado es abrir una pared y llamar a un electricista, no limpiar un botón. No toques nunca el transformador ni el lado de red. El circuito del timbre es de muy baja tensión y es seguro; el primario no lo es, y no se vuelve seguro porque el cable sea fino. Si en todo el edificio no suena ningún timbre, para. Eso es un transformador o un cable común, y no te toca abrirlo.

Otras averías en el mismo sitio