La hoja cuelga de las bisagras, no de la cerradura
Una hoja se sujeta con dos o tres bisagras, y cada bisagra es un pasador girando dentro de un nudillo. Cada apertura se lleva un poco de metal del pasador y del interior del nudillo, y tras unos miles de ciclos el pasador es uno o dos milímetros más fino. Un milímetro parece poco, pero la hoja cuelga de esos pasadores: el borde opuesto —el de la cerradura— baja lo mismo, y el pestillo que entraba en el centro del agujero ahora llega a su borde superior.
De ahí que la prueba no sea «¿vuelve el pestillo?», sino «¿cierra si levanto la puerta?». Levanta el lado de la manilla mientras la empujas. Si agarra, el pestillo, el muelle, la placa y el cuerpo de la cerradura funcionan perfectamente y lo único torcido es una hoja que cuelga dos milímetros baja. Aprieta todos los tornillos de todas las bisagras, empezando por la de arriba, que es la que más carga lleva. Si un tornillo gira sin morder, la madera está pasada: tornillo más largo, o una cuña detrás de la bisagra.
Un pestillo casi nunca falla. Es una pieza de metal macizo y el muelle va dentro de una caja de acero; nada en el uso normal los gasta. Lo que frena un pestillo es la arena —polvo de yeso, pintura, arena de obra— apelmazada en la ranura por la que corre, y eso se nota de inmediato: el pestillo entra arrastrando y vuelve despacio en lugar de dispararse.
El tercer caso, y tampoco es la cerradura
Pestillo seco, no hace falta levantar, y sin embargo hay que empujar para que agarre — o agarra pero baila. Es la placa: el pestillo llega a la altura correcta pero no a la profundidad correcta, sube por la cara de la placa y no cae en el agujero. La placa va sujeta con dos tornillos y su agujero es a propósito algo mayor que ellos, así que se desliza un milímetro en cualquier dirección al aflojarlos. Marca la punta del pestillo con tiza o lápiz blando, cierra una vez y lee la marca en la placa.
Si la placa no se mueve lo bastante, lima el agujero por el lado donde golpea el pestillo, unas pasadas cada vez probando entre medias, porque un agujero demasiado ancho deja la puerta bailando para siempre. Y si la hoja está visiblemente descuadrada, con el hueco ancho arriba en un lado y apretado abajo, eso es el marco o la pared y no la ferretería: merece que alguien lo mire antes de cepillar la puerta o calzar las bisagras.