¿A dónde va la humedad? (secar no es asar: es transportar)
La secadora no «asa» el agua — el aire caliente atraviesa la ropa y transporta el vapor hacia fuera. El peón de ese trabajo es el aire, no el calor. Así que cuando la ropa no seca, la culpa casi nunca es de la resistencia: el calor sigue ahí; lo que está cerrada es la ruta de transporte, tapiada de pelusas — o el capataz lee mal la hora de fin. Y esas pelusas que tapiar la ruta son altamente inflamables — por eso dos ciclos son una advertencia, no un detalle.
Empareja la evidencia
- La ropa sale caliente pero aún húmeda → El calor funciona; revisa el circuito de aire: haz la «prueba de la gota» en el filtro de pelusas — si la gota perla en vez de atravesarlo, el suavizante (también en toallitas) dejó una película. Lávala con agua templada y jabón. Después saca la máquina y limpia el conducto y la rejilla exterior.
- El programa termina antes de tiempo y la ropa nunca queda seca del todo → Barras sensoras sucias: dos tiras metálicas junto a la boca del tambor, cegadas por el suavizante — cree que la ropa está seca y cierra antes de hora. Pásales una toallita con alcohol y verifica con un ciclo temporizado de carga pequeña.
- Tambor lleno a rebosar cada vez, y el bulto del centro sigue húmedo → Sobrecarga: la ropa no puede dar vueltas y el aire no llega al centro. La regla de los tres cuartos y separar las piezas grandes ahorra luz frente a llenar a tope y repetir.
Un límite honesto: filtro limpio, conducto despejado, carga razonable — y la ropa sigue saliendo caliente pero húmeda — la resistencia está medio muerta (mitad del calor, circuito de aire inocente). Eso es trabajo de 230 voltios: llamar a un técnico. Una tapa ardiendo al tacto u olor a quemado no es un «punto a revisar»: es señal de parada inmediata. Y nunca pongas la secadora en marcha sin el conducto conectado — la humedad y las pelusas irían directas a la habitación.