Rearmar es una prueba. No es una reparación.
Un magnetotérmico que ha saltado ha hecho su trabajo: ha detectado corriente que se iba a donde no debía. Volver a subirlo te da una sola información — ¿el fallo desaparece solo, o sigue ahí? Si el aparato aguanta una semana, el salto fue puntual. Si vuelve a saltar en minutos, el fallo es permanente y está dentro del aparato, casi siempre una resistencia cuya aislamiento ha cedido. La regla existe exactamente para ese caso.
Porque un termo es una cuba de agua con una resistencia enchufada a la red dentro. Una resistencia con derivación a tierra puede hacer que el agua conduzca. El magnetotérmico es lo único que hay entre eso y la persona bajo la ducha. Mantenerlo cerrado es mantener cerrado un interruptor sobre un fallo que sigue presente — y por eso fabricantes, electricistas y bomberos dicen la misma frase: rearma una vez; si vuelve a saltar, para y llama a alguien cualificado. No hay ninguna versión de esto en la que probar por tercera vez diga algo nuevo.
Y dos casos más que no necesitan criterio. Si cualquier agua caliente da calambre o adormece los dedos, deja de usarla y corta en el cuadro. Si un aparato de gas lleva un rato sin encender y hueles gas, no toques ningún interruptor: abre, sal y llama al teléfono de urgencias del gas. En gas importa además no quedarse ahí dándole al encendido: el gas sin quemar se acumula, y la secuencia correcta es cortar, ventilar, esperar y probar una vez.
Tres lados del sistema — y ahí es donde se colocan las averías
Antes que nada: ¿es eléctrico o de gas? Los dos tienen una lógica de avería y un primer gesto completamente distintos. Un termo eléctrico de acumulación es un cilindro grande en la pared con un monomando al lado, y su suministro es un magnetotérmico más un enchufe con botón de prueba. Un aparato de gas es una caja fina con un conducto arriba, su suministro es un contador y una llave, y — lo importante — puedes probar el suministro en diez segundos con la cocina. Misma tubería: si los fuegos encienden, hay gas en la casa y el fallo es el aparato. Si no encienden, has encontrado todo el problema sin tocar el aparato.
- Nada en absoluto — sin display, sin ventilador, sin chisporroteo. El lado del suministro. En eléctrico: el cuadro, y luego el botón del enchufe, que tiene que hacer clic y encenderse para haber rearmado de verdad. En gas: la pila del contador (muchos llevan una, y una pila agotada cierra la válvula), la palanca de corte de emergencia, el saldo, y luego la prueba de la cocina. Añade los gratis: una llave de entrada cerrada, y un panel dejado en modo vacaciones, medio depósito o eco, o con bloqueo infantil, o una consigna bajada a cuarenta. Eso no son averías, y es asombrosamente frecuente después de una casa llena de invitados.
- Funciona, pero el agua caliente sale floja o se enfría en un minuto. El lado del agua. Cierra el agua fría y abre solo la caliente, para ver el caudal real. Luego prueba otro grifo: si solo falla un punto, el aparato es inocente y el problema es el monomando o el cartucho de ese punto — nada de tocar la máquina. Si falla en toda la casa, el primer sospechoso es el filtro de entrada de la acometida fría, y sale para enjuagarlo. Agua dura, plantas altas y horas punta también se manifiestan aquí, porque un aparato de gas no enciende por debajo de su caudal mínimo.
- Un magnetotérmico está abajo, o el botón del enchufe ha saltado, o el panel muestra un código. Un dispositivo de seguridad ya ha actuado. Apunta cuál y qué código — es lo más útil que le puedes entregar a un técnico — y luego rearma una vez, y vigila. Diez minutos sin incidentes: probablemente nada, vigílalo un día. Vuelve a saltar de inmediato: para, y ya no es tu trabajo.
La decisión que cuesta dinero de verdad
Cuando ya es una pieza y no el suministro, la pregunta no es qué se ha roto sino si este aparato merece una reparación. Tres peldaños, y el orden importa: gratis (rearme, pila, llave, modo) cubre la mayoría de los avisos; una pieza (filtro, termostato, resistencia, electroválvula) cuesta decenas de euros y compensa en un aparato con años por delante; el aparato es el peldaño donde la reparación deja de tener sentido. La vida útil es de unos ocho años según norma, ocho a doce en la práctica. Más allá, una reparación grande no arregla el problema: paga por adelantado el siguiente.
Y una excepción manda sobre todo lo anterior: si el agua sale de la cuba y no de un racor, la respuesta es un aparato nuevo. La cuba es un elemento a presión con un esmalte o vidrio interior, y un revestimiento oxidado de parte a parte no se remienda desde fuera. El agua que sale de una válvula o de un racor es otra historia y suele ser barata — así que mira de dónde parte, no solo que el suelo esté mojado. Unas gotas por la válvula de seguridad mientras calienta son dilatación normal; un chorro continuo, no.