Por qué una luz informa más que un reinicio
Tu conexión es una cadena de cuatro tramos: la fibra del operador hasta el edificio (acceso), la fibra que entra del muro al ONT (acometida), el cable del ONT al router, y el Wi-Fi del router al aparato. Un corte en cualquier punto deja sin internet — pero cada tramo deja una luz distinta. Ahí está todo el truco: los pilotos son un parte de estado escrito en colores, y casi nadie aprende a leerlo.
Dos pilotos son los que importan. PON está en verde fijo cuando el ONT se ha registrado con el equipo del operador — es la luz de «estoy en la red». LOS (pérdida de señal) está apagado cuando todo va bien y se pone rojo cuando la fibra no trae ninguna luz. De ahí lo contraintuitivo: un LOS apagado es una buena noticia; el rojo es la alarma. Se ve una luz apagada, se piensa que la caja está muerta, y se reinicia algo que nunca estuvo averiado.
Haz coincidir las pruebas
- LOS rojo, PON apagado → la señal óptica ha desaparecido: busca en la fibra amarilla una curva cerrada o un tramo aplastado (más de 90° mata la luz), limpia la cara del conector en un solo sentido con papel óptico y vuelve a encajarlo hasta el clic. ¿Sigue rojo tras dos minutos? Eso es del operador — llama. Reiniciar no arregla nunca esto.
- Pilotos del ONT correctos y la casa sigue sin internet → el reinicio mal hecho de siempre. Desenchufa las dos cajas, espera al menos 30 segundos (un minuto mejor — los condensadores tienen que descargarse), enciende primero el ONT y espera a que PON quede en verde fijo, después el router. Al revés, el router marca un número que todavía no existe.
- Solo un aparato sin conexión → aguas arriba no hay nada roto. Prueba con un segundo aparato para demostrarlo, y luego mira ese aparato: red Wi-Fi equivocada (la del vecino suele tener el mismo nombre por defecto), modo avión, o una dirección caducada — olvida la red y vuelve a conectar.
La línea que no se cruza: nunca abras la caja de reparto del pasillo, no toques el cableado exterior, no hagas tú una fusión de fibra. El núcleo de la fibra es más fino que un pelo y una mala unión cuesta más que la visita. Lo que sí puedes hacer son tres gestos: leer los pilotos, volver a encajar un conector con cuidado y cambiar un cable de red.