Una rejilla tapada deja el sonido flojo, y la mano lo devuelve
El altavoz de un móvil es un diafragma diminuto dentro de una cámara trasera sellada, que empuja aire por una fila de agujeros. Esos agujeros no son adorno: junto con el aire que tienen delante forman el acoplamiento entre el diafragma y la habitación. Cuando la fila se llena de una capa afieltrada de pelusa, grasa de piel y polvo —que es en lo que se convierte la pelusa del bolsillo tras unos miles de horas bombeando aire—, la cámara delantera deja de estar abierta al mundo. El diafragma sigue moviéndose, pero ya casi no tiene contra qué empujar: la salida se hunde y los graves desaparecen primero. Lo que queda suena fino y flojo.
De ahí el mejor test de esta página, que además parece un truco: tapa con la mano la parte de abajo del móvil y el sonido sube. La palma cierra el hueco alrededor de los agujeros tapados y le da al diafragma una superficie mayor a la que acoplarse, devolviéndole un poco de lo que la pelusa le quitó. Un diafragma que de verdad se está muriendo no sube cuando haces eso: suena igual, o peor. Así el test de la mano separa en dos segundos una limpieza de una reparación.
Importa porque los dos remedios obvios son los dos dañinos. Soplar en la rejilla aprieta la capa afieltrada contra la malla y añade la humedad de tu aliento para que fragüe. Hurgar con una aguja, un palillo o el útil de la SIM es peor, porque la malla está a menos de un milímetro del diafragma y no ves lo que acabas de hacer. El aire comprimido es el tercero: demasiada presión mete polvo en la carcasa, y un bote inclinado escupe propelente sobre la malla.
Tres fallas, tres respuestas
Flojo y apagado, más fuerte con la mano encima es pelusa en las rejillas. Un cepillo de dientes suave y seco, barrido a lo largo de la fila en vez de hundido en ella, se lleva la capa suelta. Luego un trozo de gel pegajoso —el que se vende para limpiar teclados— puesto sobre los agujeros y levantado de golpe, varias veces, con un trozo nuevo cuando se ponga gris. Ese es el paso que de verdad arranca la capa afieltrada. Termina con un tono grave: una sinusoide a 180 Hz a volumen moderado durante uno o dos minutos suelta el polvo que queda para la siguiente pasada de gel. La música sirve menos que un tono puro, porque su amplitud no deja de cambiar.
Ningún sonido en absoluto casi nunca es la rejilla. Revisa lo obvio primero: modo silencio, un dispositivo Bluetooth todavía conectado, No molestar, o un volumen por aplicación que se bajó. Prueba otra aplicación, reinicia, y compara el altavoz con el auricular en una llamada: si las llamadas van bien y los medios están mudos, es un problema de enrutado de software y no del diafragma. Si está mudo en todo y el móvil se mojó, para aquí: eso es taller, y seguir hurgando pone en riesgo las juntas de estanqueidad.
Chasquidos en los pasajes fuertes significan que el diafragma está deformado o que algo descansa encima. La limpieza puede ayudar si el cuerpo extraño está del lado de la malla; si el chasquido sobrevive a la limpieza, el diafragma se ha deformado y solo un recambio lo arregla. En la mayoría de los móviles modernos eso supone abrir el aparato, algo que solo vale la pena si el móvil te importa por otras razones.