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Un neumático no tiene una presión. Tiene una presión en frío — y ahí está todo el problema.

El testigo se enciende con el primer frío · Un neumático se desinfla sin parar · La dirección va dura · El coche sigue las líneas blancas · El consumo ha subido · Un zumbido sordo a velocidad constante · La lectura parecía bien en la gasolinera · Se ve algo bajo pero el manómetro dice que no
0 €Un manómetro propio y la cifra de la puerta. Los dos gratis, los dos decisivos
0,1 barSe pierde por cada 10 °C de bajada. Cuatro bajos a la vez es el tiempo
0,3 barPerdidos en una semana es fuga. Más lento es porosidad normal
Fácil · Nunca desinfles un neumático caliente

Cuatro neumáticos desde arriba, uno en corte y las tres cifras que lo deciden

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qué tocar avería correcto Pulsa los neumáticos, la etiqueta o el manómetro

La cifra del neumático es un máximo. La que necesitas está en el coche

Dos cifras se confunden y solo una sirve. La grande moldeada en el flanco — 44 PSI, 3,0 bar, lo que diga el tuyo — es el límite estructural del neumático, la presión a la que está homologado para llevar su carga máxima. No es una recomendación, y circular a esa cifra no es «más seguro». La que importa está en una etiqueta del montante de la puerta del conductor, o dentro de la tapa del combustible: la presión que el fabricante quiere para ese coche, con ese peso, en frío, normalmente 2,1–2,5 bar en un turismo y algo más en un vehículo pesado o eléctrico. Delante y detrás suelen ser distintas, y casi siempre hay una segunda fila para plena carga.

Y «en frío» es una definición, no una impresión: estacionado al menos tres horas, o menos de dos kilómetros recorridos. Es la condición a la que se refiere la cifra del fabricante, y la única en la que una lectura se puede comparar con ella.

Por qué la lectura que tomaste no era una lectura

El aire se dilata al calentarse, y un neumático se calienta rodando — veinte o cuarenta minutos de autopista bastan. El resultado es que un neumático caliente marca 0,2 a 0,3 bar más que ese mismo neumático en frío. Junta los dos hechos y tienes el error más común de esta página: sales de la autopista, entras en la gasolinera, lees 2,6 frente a una especificación de 2,4 y concluyes que todo está bien. No lo está. En frío ese neumático está a unos 2,2 — un quinto del camino hacia el testigo, y ya te está costando combustible y hombro.

La misma física explica el testigo que se enciende cada noviembre. La presión baja unos 0,1 bar por cada 10 °C, así que un coche ajustado en septiembre puede estar 0,3 bar bajo en la primera ola de frío — y la mayoría de los sistemas avisan hacia 0,4 bar por debajo de la especificación, o el 25 por ciento. No hay nada roto y no hay nada que comprar: le falta aire. Pero ojo con el corolario, que es el error en el otro sentido: nunca desinfles un neumático caliente. Si marca alto es porque está caliente; dejarlo en la especificación ahora lo deja bajo cuando enfríe.

La única prueba que separa el tiempo de un pinchazo

Cuenta cuántos neumáticos están bajos. Cuatro neumáticos no se pinchan todos la misma semana, ni pierden la misma cantidad. Si los cuatro están bajos en una cantidad parecida, y coincide con un golpe de frío, es temperatura: infla y sigue. Si solo uno está bajo y los otros están en la especificación, es una fuga, y la única pregunta que queda es por dónde.

La velocidad también importa. La porosidad por el caucho y la válvula es normal, y un neumático puede perder un poco a lo largo de meses sin que nada esté mal. La línea útil es unos 0,3 bar por semana: más rápido, o un neumático que vuelve a bajar poco después de rellenarlo, está perdiendo aire donde no debería. Para encontrarlo, mezcla lavavajillas con agua, pinta generosamente la válvula, el asiento del neumático sobre la llanta y toda la banda de rodadura, y mira. Las burbujas son la respuesta, y encuentran un tornillo que el ojo se salta. Mira la válvula en primer lugar: una válvula de goma agrietada es una fuga lenta clásica, cuesta muy poco cambiarla, y es la razón por la que se cambian neumáticos perfectamente buenos.

Las dos direcciones están mal, y el exceso es la más popular

Con poca presión el flanco flexiona mucho más de lo que se diseñó: la carcasa se calienta, se gastan los dos hombros, sube la resistencia a la rodadura y, a velocidad de autopista en un día caluroso, ese es el camino clásico al reventón. Con demasiada, la huella de contacto se encoge, así que se gasta el centro de la banda mientras los bordes no, la frenada en mojado se alarga y el coche se vuelve incómodo — lo que además encarece cada bache. Ni una cosa ni la otra compensan un décimo de litro a los cien, y el fabricante ya equilibró consumo, confort, desgaste y agarre al elegir la cifra de la etiqueta.

Antes de inflar nada. Para y trata el neumático como inservible si ves un bulto en el flanco, grietas, o cuerdas y alambres a la vista — un bulto es una estructura interna rota, ninguna presión lo arregla, y puede fallar a cualquier velocidad. Para si el pinchazo está en el flanco o el hombro en vez de la banda central: esa zona flexiona constantemente y no se puede reparar con un gusano, necesita reparación de verdad o un neumático nuevo. Para si una llanta está visiblemente dañada — una llanta doblada pierde por el asiento y el aire no la va a sellar. Si el testigo parpadea un minuto y luego queda fijo, suele ser el sistema de vigilancia informando de su propia avería y no un problema de presión; los sensores directos llevan pilas que duran de cinco a diez años, y tras cambiar o rotar neumáticos algunos coches piden un reaprendizaje. Y no olvides la rueda de repuesto: lleva años perdiendo aire ahí quieta, y el momento en que la necesitas es el peor para descubrir que está vacía.

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