Una toalla absorbe en dos sitios, y cada uno se puede tapar por separado
El algodón absorbe por dos razones, y fallan de forma independiente. La primera es la química de superficie: la celulosa está cubierta de grupos hidroxilo, que le gustan al agua. La segunda es la geometría: entre las fibras hay huecos lo bastante estrechos para aspirar agua por capilaridad, y ahí es donde una toalla guarda su agua — no dentro de la fibra, sino entre las fibras.
De ahí los dos fallos. Si esos huecos se rellenan, la toalla se pone rígida y acartonada: todavía absorbe un poco, despacio, porque la química de superficie está intacta, pero el espacio capilar ha desaparecido. Ese relleno suele ser jabón cálcico: detergente que se encontró con el calcio del agua dura, se volvió una sal insoluble y se depositó entre las fibras pegándolas. Si en cambio las fibras quedan envueltas, la toalla se pone resbaladiza y deja de absorber del todo, porque has cubierto los hidroxilos con algo que repele el agua.
Y ese envoltorio es el suavizante. Aquí está la parte en la que conviene detenerse: el suavizante es un tensoactivo catiónico más silicona, y todo su mecanismo consiste en formar una película sobre la fibra para que las fibras resbalen unas sobre otras y se noten suaves. Una película que hace resbalar las fibras es una película que el agua no atraviesa. Así que la botella que compraste para que la toalla estuviera suave es la que la deja impermeable y, como esa película es grasa, la que alimenta lo que crece en un baño húmedo. Suave y no absorbente son el mismo hecho visto por dos lados.
Tres fallos, tres respuestas
Rígida y acartonada, que aún absorbe despacio, es jabón cálcico entre las fibras. Cincuenta gramos de ácido cítrico en un barreño de agua tibia, treinta minutos, y luego un lavado normal con una dosis moderada de detergente y un aclarado más. El ácido disuelve la sal de calcio, el aclarado se la lleva. El aclarado es el paso que se salta todo el mundo y el que decide el resultado, porque el detergente que queda en la fibra cristaliza al secarse, y ese cristal es duro.
Resbaladiza y no absorbente, con el agua posada en la superficie, es una película. Necesita calor y detergente: 60 °C o más, porque ese es el rango en que funde una película grasa, y el agua fría simplemente no la mueve. Ese ciclo sin nada de suavizante, un aclarado más, y luego la prueba de la gota. A partir de ahí: nada de suavizante en las toallas, nunca, o como mucho una vez al mes.
Agria o con moho, con puntos oscuros cerca de los dobladillos, significa que algo está creciendo en la película. Blanqueador de oxígeno — percarbonato de sodio — a unos 20 g por litro, 60 °C, una hora, luego un lavado normal y un secado completo al sol si tienes. Nada de lejía: el hipoclorito oxida la celulosa, la toalla pierde resistencia y amarillea, y reacciona con los restos de suavizante formando olores de cloramina peores que el original.